Las protestas contra las políticas del Gobierno del presidente sirio Bashar al Assad, que estallaron en marzo de 2011, no solo derivaron en una guerra civil a gran escala entre las fuerzas gubernamentales y la oposición armada, sino que ha desembocado en un conflicto de alcance internacional donde la lucha contra los terroristas se entremezcla con el conflicto de intereses de varios países extranjeros, incluidas las dos mayores potencias nucleares. Lo que empezó en enero de 2011 con manifestaciones pacíficas a favor de las reformas políticas en Siria, sobre el telón de fondo de la así llamada Primavera Árabe, desembocó en protestas masivas y luego en un conflicto armado a gran escala.
La organización que agrupaba en un principio a la oposición siria fue el Consejo Nacional Sirio (SNC), con base en Estambul, que en 2011 incluía a todas las facciones antigubernamentales. Sin embargo, las divergencias políticas, militares y religiosas dividieron al SNC en 2012-2013 en grupos (en grupos armados, la oposición moderada y la oposición radical). Por su parte, los kurdos crearon su propia agrupación, de la que forma parte el brazo armado denominado la Unidad de Protección Popular (YPG por sus siglas en inglés). Debido a la división (política y religiosa) de las fuerzas opositorias, diferentes tipos de grupos islamistas, entre ellos Frente Al Nusra (la rama local de Al Qaeda) y del Estado Islámico (que llegaron desde Irak), comenzaron a adquirir un mayor protagonismo en su confrontación contra las fuerzas gubernamentales.
En un primer momento, los rebeldes solo contaban con asistencia no letal, pero más tarde EE. UU. empezó a procurar financiación, armas y entrenamiento a la 'oposición moderada' en su lucha «contra los terroristas». Después, EE. UU. acabó admitiendo que parte de la ayuda letal terminó en manos de terroristas que lo usan tanto contra el Gobierno y los civiles, como contra la 'oposición'. Además de Washington, simpatizantes naturales de Arabia Saudita, Catar, Kuwait, así como Turquía habrían proporcionado "millones de dólares" a los «grupos terroristas, incluido el Frente Al Nusra y el EI», según declaró en marzo de 2014 David Cohen, secretario adjunto del Departamento de Tesoro para Terrorismo e Inteligencia Financiera de EE. UU.63 Hasta el año 2016 se estima que los grupos armados ilegales recibieron unos 2450 sistemas portátiles de defensa aérea, 1750 sistemas antitanque, 650 lanzacohetes múltiples, más de 24 000 proyectiles de distintos tipos y más de 600 toneladas de explosivos.
La coalición internacional lideraba por EE. UU. comenzó a lanzar ataques aéreos contra el Estado Islámico en Siria el 10 septiembre de 2014 sin la aprobación del Gobierno de Al Assad. Si bien el objetivo principal de la coalición era «luchar contra el EI», sus ataques no siempre son precisos, habiéndose cobrado ya centenares de vidas inocentes. EE. UU. no presenta datos exactos sobre el número de los terroristas abatidos en territorio sirio durante su operación, que dura ya dos años y medio. Además, EE. UU. así como Reino Unido, Francia, Alemania y los principales países del golfo Pérsico han instado al presidente sirio, Bashar al Assad a dimitir porque "se interpone en el camino" de los ciudadanos sirios, según dijo Obama en su día.63
Rusia, Irán, así como agrupaciones chiítas, entre ellas Hezbolá, apoyan al Gobierno sirio que combate a los terroristas del EI, del Frente Al Nusra y de la 'oposición moderada', apoyada por EE. UU.
explicacion aqui : https://www.youtube.com/watch?v=bYmMwOuPHGw
Este enfrentamiento se ha convertido en una de las guerras más devastadoras de los últimos años. Además de acabar con la vida de entre 300 000 y 470 000 personas según las fuentes, el conflicto ha desencadenado una crisis humanitaria con consecuencias nefastas y aún latentes en todos los países de la región y en Europa. De los 22 millones de habitantes que había en Siria antes del conflicto, más de la mitad han tenido que huir de sus hogares. 13 millones y medio de estos desplazados internos necesitan ayuda urgente. Además, 4,8 millones de personas han tenido que huir a países vecinos; Turquía acoge a 2,7 millones de sirios, Líbano a cerca de un millón y cerca de 650 000 están en Jordania. Tres cuartas partes de los refugiados son mujeres y niños. Según cifras de Unicef, al menos 652 niños fueron asesinados, un 20 % más que en 2015. Además, están siendo reclutados, casi mil niños soldados el año pasado, para luchar directamente en primera línea. Los más vulnerables son los 2,8 millones que se encuentran en zonas de difícil acceso. De ellos, 280 000 viven bajo asedio, casi completamente aislados de la ayuda humanitaria. 338 centros médicos quedaron reducidos a escombros en 2011 Se han usado armas químicas en repetidas ocasiones.
Debido a la participación de numerosas potencias extranjeras se la ha denominado también como una guerra subsidiaria. El gobierno sirio, presidido por Bashar al-Asad, cuenta con el apoyo de Rusia, que lo considera un país aliado desde tiempos de la Unión Soviética, la República Islámica de Irán y la organización libanesa Hezbolá.68 El gobierno y sus aliados defienden que las manifestaciones y primeras revueltas armadas fueron organizadas y financiadas por Occidente, así como a algunos grupos yihadistas, para precipitar la caída del gobierno y controlar el país, opinión respaldada por algunos analistas. Por otro lado la «oposición siria» es apoyada por Estados Unidos, Turquía, Arabia Saudí y otros países aliados occidentales y del golfo Pérsico.
Las organizaciones internacionales han acusado al gobierno sirio, EI y los grupos rebeldes de violaciones graves de los derechos humanos y de muchas matanzas.
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